tr?id=823125266610434&ev=PageView&noscript=1 Déjame en visto (aunque duela) - Anddy Caicedo Déjame en visto (aunque duela) - Anddy Caicedo

Sabes lo que es lo más raro.

Que a veces uno mismo le pide a la vida que lo dejen en visto.

No por indiferencia. No porque no importe. Sino porque uno se conoce. Sabe que si esa persona escribe, va a contestar. Sabe que si llama, va a contestar. Y en ese momento se devuelve todo lo que uno tardó meses en soltar.

Por eso a veces el silencio no es abandono. Es protección.

 

La herida que no necesita adorno

Esto no es drama. Es que hay rupturas que no se procesan como las demás.

Las que duelen diferente no son las que vienen con pelea, con reproches, con una escena final que uno puede recordar y entender. Las que duelen diferente son las que llegan sin explicación.

Un día estaban bien. Al otro día, nada.

Y uno queda buscándole el sentido a algo que quizás nunca lo tuvo. O que lo tuvo, pero nadie se tomó el tiempo de explicarlo. Una sentencia sin proceso. Sin derecho a defenderse. Sin siquiera saber de qué se lo acusaba.

Eso es lo que canta Mi Amor Para Siempre entre líneas. Y es lo que yo seguía cargando mucho después de que la canción quedó grabada.

 

La pregunta equivocada

Cuando uno está en ese lugar, se hace las preguntas equivocadas.

¿Qué hice mal? ¿Qué no hice? ¿En qué momento cambió todo? Y uno da vueltas en círculo, revisando conversaciones, buscando el momento exacto, el error preciso.

Pero la pregunta de verdad es otra. Y casi nadie se atreve a hacérsela.

¿En qué momento dejé de ver lo que tenía… por estar mirando lo que me faltaba?

Esa es la que duele más. Porque no señala al otro. Se señala a uno mismo. Y uno no siempre está listo para eso.

Yo no estaba listo. Tardé en hacérmela. Pero cuando me la hice, algo cambió.

 

Un ritual pequeño para una herida grande

No te voy a pedir que lo resuelvas todo hoy.

Solo te pido una cosa — y es pequeña, pero no es fácil:

Escribe la pregunta que no puedes dejar de hacerte. Solo esa. Sin responderla. Sin buscarle salida todavía. Solo ponle nombre.

A veces nombrar la herida ya es sanar algo. No todo. Pero algo.

Y si sientes que está muy adentro todavía. Que no puedes ni escribirla. No pasa nada. Aquí estoy yo. Sin juicio. Sin prisa.

 

Si quieres que yo lo lea

Esta semana en El Mensajero no te pido que me cuentes la historia completa.

Solo deja esa pregunta. La que cargás. La que todavía no tiene respuesta.

 

Te abrazo.

Anddy

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